martes, 15 de agosto de 2017

¿Entienden por acoso lo mismo hombres y mujeres?

(Publicado originalmente en Almacén de derecho el 11 de Junio de 2017)

En esta entrada voy a plantear que la sexualidad de hombres y mujeres es diferente y que un mismo acto puede ser juzgado de forma diferente por un sexo o el otro. Esto tiene importantes consecuencias legales y morales que vamos a analizar.

¿Son igual de receptivos hombres y mujeres a las ofertas sexuales? Hay un estudio clásico de Russell Clark y Elaine Hatfield, de 1989, que encuentra que no. Estudiantes de la clase de Russ Clark se acercaron a hombres y mujeres atractivos diciéndoles: “Me he fijado en ti en el campus y te encuentro muy atractivo/a”, y a continuación les preguntan una de estas tres cosas:

1- ¿Quieres salir conmigo esta noche?
2- ¿Quieres venir a mi apartamento?
3- ¿Quieres acostarte conmigo esta noche?

Las respuestas fueron:

1- 56% de las mujeres, Si; 50% de los hombres Si
2- 6% de las mujeres, Si; 69% de los hombres Si
3- 0% de las mujeres, Si; 75% de los hombres Si

Clark y Hatfield encontraron resultados similares en un segundo experimento y  enmarcaron estos comportamientos dentro del punto de vista evolucionista que dice que los costes del sexo no son iguales para hombres y mujeres y por lo tanto las mujeres tienen que ser más selectivas. 

Otros estudios replicaron los hallazgos lo cual parece que no gustó en ciertos círculos donde se cree que no hay diferencias psicológicas entre hombres y mujeres y en 2011 la psicóloga Terri Conley realizó un estudio donde explicaba estas diferencias de aceptación de ofertas sexuales en base a que la oferta de un extraño era más peligrosa para las mujeres y también observó que si el/la que propone el encuentro sexual es una celebridad, como Johnny Deep para ellas, entonces hombres y mujeres aceptan la oferta en igual medida. Conley atribuía las diferencias, por tanto, a la socialización y no a diferencias biológicas.

Pero lo que Conley encuentra tiene una explicación evolucionista de libro. Se sabe que las mujeres no buscan lo mismo en los hombres para encuentros a corto plazo y a largo plazo. A largo plazo buscan más inteligencia, una buena personalidad, recursos, etc., pero a corto plazo buscan principalmente buenos genes, es decir, hombres muy atractivos y masculinos. Las celebridades han demostrado que tienen buenos genes, son triunfadores y por lo tanto tener un hijo con un triunfador es una buena opción para multiplicar nuestros genes. Es por esto que a Sandokan o a Julen Guerrero las fans les gritaban: “Sandokan, Julen, queremos un hijo tuyo” y es por esto que si leemos las biografías de Rod Stewart, Mick Jagger o Robert Plant vemos que su problema no era encontrar una  chica con la que acostarse precisamente.

En cuanto a la peligrosidad si alguien cree que el que venga una chica atractiva y le proponga a un hombre a bote pronto acostarse con ella y que la acompañe a su apartamento no implica riesgos que lo piense un poco más… Otra cosa es que a los hombres no les importe correr ese riesgo, pero eso es de lo que estamos hablando.

Así que lo que propone Conley es como si dijéramos que los hombres comen más comida de cualquier tipo que las mujeres y Conley nos contesta que si es caviar y es a las 8 de la tarde las mujeres también comen mucho…Precisamente lo que tenemos que explicar es la poca selectividad que aplican los hombres. Para una crítica del estudio de Conley ver este comentario.

Hay otro experimento no publicado en revistas peer review y al que no podemos dar la categoría de científico ni mucho menos pero que es ilustrativo para el tema de esta entrada. Es bastante frecuente por lo visto que en sitios de citas de Internet y en otros foros los hombres manden fotos no solicitadas de sus genitales a mujeres, así que una mujer decidió hacer lo mismo pero al revés y envió fotos de sus genitales a más de 40 hombres a los que había conocido por medio de la aplicación de citas Bumble. 

La mujer quería darles una lección sobre el acoso sexual y que vieran lo invasivo que es recibir ese tipo de mensajes. Pero los hombres no reaccionaron con asco y horror, como suelen hacer las mujeres, sino que estaban encantados y divertidos y todos ellos dispuestos a salir con la chica.

La conclusión que podemos sacar de lo tratado hasta ahora es que la respuesta a ofertas sexuales de hombres y mujeres es diferente y que el mismo acto puede ser juzgado de una manera muy diferente por un sexo o por el otro. Si las mujeres no desean ofertas sexuales se pueden sentir ofendidas y acosadas por dichas ofertas. Si los hombres están deseando recibir esas ofertas, las van a vivir como algo positivo.

Este hecho tiene importantes consecuencias legales y morales. Vamos a abordar las legales en primer lugar. Existen datos, y ahora me estoy refiriendo de nuevo a estudios en revistas revisadas,  de que las mujeres perciben un mayor rango de conductas como acoso sexual que los hombres. Rotundo y cols. realizaron un metaanálisis de 62 estudios sobre el asunto (en el mundo laboral) y encuentran una diferencia media de 0,30 en lo que hombres y mujeres consideran acoso. No es una diferencia muy grande pero en algunas de las conductas analizadas las diferencias son mayores que en otras. Y las diferencias más grandes se dan en las conductas más leves como bromas sobre estereotipos sexuales o gestos obscenos o conductas derogatorias no dirigidas a la mujer en concreto. También había mayores diferencias en la insistencia para pedir una cita y en contactos físicos no sexuales. 

Esto es importante porque los tribunales definen acoso sexual como “ conducta física o verbal de naturaleza sexual que interfiere con el trabajo de una persona o crea un ambiente de trabajo hostil o intimidante”. En la jurisdicción anglosajona se divide el acoso en la modalidad “quid pro quo” que consiste eh que la mujer tenga que aceptar avances sexuales para ser promocionada o no despedida. La otra modalidad es la de “ambiente hostil” que consiste en que el ambiente de trabajo esté impregnado de insultos, intimidación o ridículo. Los tribunales han considerado acoso conductas que van desde la violación hasta bromas sexuales, fotos o dibujos con contenido sexual, declaraciones románticas, lenguaje vulgar o incluso halagos bien intencionados.

Pero la cuestión es desde qué perspectiva deben evaluar los tribunales si las circunstancias crean un ambiente hostil de trabajo. Tradicionalmente, los jueces se han guiado por la perspectiva de la “persona razonable” en similares circunstancias. El problema es que cuando hablamos de sexo la perspectiva de hombres y mujeres no es la misma y no existe la “persona razonable”, sólo el “hombre razonable" y la “mujer razonable”.  Esto ha llevado a que los tribunales tomen la perspectiva de la “mujer razonable”  asumiendo que para valorar si ha habido acoso los jueces deben tomar la perspectiva de la acosada, mujer en la mayoría de los casos. Pero también se ha propuesto que esto es injusto para los hombres porque no tiene en cuenta su punto de vista.

Tenemos otros estudios que nos aportan información muy importante. Son estudios (Abbey, 1982 1987) que encuentran que los hombres perciben más interés sexual en las mujeres del que realmente tienen. En el primer experimento de Abbey  hombres y mujeres observaban una interacción entre un hombre y una mujer y  los hombres veían a la mujer como más seductora y más atraída por el hombre que las mujeres. Los hombres perciben conducta amistosa de las mujeres como sexual y las mujeres perciben conducta sexual por parte de los hombres como amistosa lo cual da pie a malentendidos. Si una mujer percibe el interés sexual de un hombre como amistad va a reaccionar con más amistad lo que pude llevar al hombre a pensar que es una respuesta positiva a su interese sexual y llevarle a más avances sexuales.

Es muy famoso lo que ocurrió en los supermercados británicos Safeway en 1998. Ese año Safeway cambió su política con el “servicio superior al cliente” que consistía en que las cajeras tenían que sonreír a los clientes, realizar contacto visual y llamarles por su nombre. Varias cajeras denunciaron acoso sexual porque algunos hombres tomaron esa conducta como flirteo y reaccionaron con proposiciones sexuales, demandas de citas, etc. Hubo discusión entre Safeway y sus empleados y al final se cambió la política de atención al cliente. Un hallazgo que se ha replicado también es que una mayoría de mujeres se ofenderían por proposiciones sexuales en el trabajo mientras que una mayoría de hombres se sentiría halagado (Gutek, 1985). Es decir, donde un hombre ve una oportunidad una mujer ve peligro.

Por último, vamos a tratar la cuestión moral. La regla de oro de la moral es un principio moral que puede expresarse como “trata a los demás como querrías que te trataran a ti (en su forma positiva) o no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan a ti (en su forma negativa). Es una regla importante en nuestra cultura por la relevancia en nuestra ética de la figura de Kant y su imperativo categórico pero esta regla se encuentra en formulaciones parecidas en todas las culturas. Pero como hemos argumentado en este artículo esta regla no es aplicable a las conductas sexuales humanas.

En resumen, la sexualidad de hombres y mujeres es diferente lo que nos plantea problemas en la vida diaria y a nivel legal y moral. No es fácil resolverlos aunque parece que la tendencia actual va en la línea de considerar como estándar o normal la sexualidad de las mujeres.



Referencias:


Abbey A (1982).Sex differences in attributions for friendly behavior: do males misperceive females´friendliness? Journal of Personality  and Social Psychology 42: 830-838

Abbey A. (1987). Misperception of friendly behavior as sexual interest: a survey of naturally occurring incidents. Psychology of Women Quarterly 11: 173-194

Browne KR (2006) Sexc. power and dominance: The evolutionary Psychology of Sexual Harassment.Managerial and Decision Economics 27: 145-158



Gutek (1985). Sex and the workplace: the impact of sexual behavior and harassment on women, men and organizations. Jossey-Bass: San Francisco, CA



domingo, 13 de agosto de 2017

Los Orígenes de la Moral

(Publicada originalmente el 19-03-2015 en la Nueva Ilustración Evolucionista)

La moralidad es muchas otras cosas pero en su base es control social
-Christopher Boehm

La conciencia es la pequeña voz que nos dice lo lejos que podemos ir persiguiendo nuestros intereses sin incurrir en costes intolerables
-Richard D. Alexander

Somos morales, pero sólo lo morales que necesitamos ser
-Dennis Krebs

Cualquier animal dotado de instintos sociales bien definidos, incluidos los vínculos afectivos de parentesco, llegaría inevitablemente a la adquisición del sentido moral o de la conciencia cuando sus facultades intelectuales alcanzan o se aproximan al desarrollo al que han llegado en el hombre.
-Charles Darwin

Christopher Boehm es un antropólogo conocido sobre todo por su libro Hierarchy in the Forest donde cuenta sus estudios e ideas sobre el igualitarismo y la jerarquía en el ser humano (podéis leer un comentario aquí). Pero Boehm ha tratado también el tema del origen de la moral en otros libros y especialmente en Moral Origins. The evolution of virtue, altruism, and shame. Aquí voy a intentar explicar las ideas centrales de este libro.

La esencia (el 1% del libro) es ésta: el origen de la moral es el control social por parte del grupo, es decir, el grupo castiga a los individuos que se desvían de las conductas que favorecen la supervivencia del grupo. Este castigo es una especie de “selección social” (de la que ya hemos hablado aquí) porque las preferencias sociales de los miembros del grupo -y del grupo en su conjunto- acaban modificando el acervo genético. Para no ser castigado el individuo aprende e interiorizar las normas del grupo y esa interiorización de las normas sería la moral. La selección moral va en el sentido de aumentar las conductas cooperadoras y disminuir las conductas de depredación social y el castigo social a lo largo de generaciones modela y cambia el genotipo en esa dirección de mayor cooperación y menos depredación.

La hipótesis de Boehm es que los hombres prehistóricos empezaron  a hacer uso del control social de manera tan intensa que los individuos que eran mejores en inhibir sus tendencias antisociales -bien por miedo al castigo o bien por absorber e identificarse con las normas sociales- consiguieron un éxito reproductivo mayor. Aprendiendo a interiorizar normas la humanidad adquirió una conciencia (que surge de la selección social punitiva) y se castiga a los aprovechados y egoístas (free riders). Hay dos maneras de promover una buena vida, una es por medio del castigo y otra es promoviendo la virtud. Boehm dice que el castigo de la conducta desviada es más antiguo y que lo de predicar la virtud es posterior.

Tener una conciencia, según Boehm , significa simplemente estar internamente inhibido para realizar una conducta antisocial y derivar el auto-respeto de seguir las normas de la sociedad. En esta línea, Richard D. Alexander tiene una visión de la moral muy realista ya que decía que la conciencia era algo más que un inhibidor de la conducta antisocial (que era la visión de Darwin): “la conciencia es la pequeña voz que nos dice lo lejos que podemos ir persiguiendo nuestros intereses sin incurrir en costes intolerables”. En esta visión de Alexander la conciencia no es solamente una fuerza puramente moral que maximiza las conductas prosociales y minimiza las desviaciones, no. La conciencia es más una calculadora maquiavélica, un estratega que nos dice cuánta inmoralidad podemos permitirnos sin que nos pillen o nos suponga un coste. Parece que tanto Darwin como Alexander tienen razón y la conciencia hace las dos cosas: inhibir inmoralidad y aprovechar las oportunidades de ser inmoral. Es decir, que tenemos la conducta moral que necesitamos, tampoco más, y si compensa ser “malos” lo haremos.

De esta misma opinión es Dennis Krebs que considera que somos todo lo morales que necesitamos ser. Krebs opina que heredamos disposiciones para comportarnos moralmente (para cooperar) pero que heredamos también la disposición a comportarnos inmoralmente, es decir, para explotar los sistemas de cooperación que hemos construido. El balance final es que somos justo lo morales que necesitamos ser para obtener los beneficios de la cooperación. La explicación de que nuestros instintos morales no vayan solo en el sentido de la cooperación podría ser que un sistema de cooperación se presta a la explotación, al parasitismo, y por eso no va a ser estable (el ejemplo claro de parásitos del sistema moral de colaboración que montan los demás son los psicópatas).

Un aspecto muy interesante de la evolución humana que parece tener una repercusión importante en la evolución de la moral es la conducta de compartir la carne. Por alguna razón, la carne (proveniente de caza mayor) se ha compartido en nuestra especie. Todos los carnívoros sociales tienen este problema logístico de repartir la carne y la mayoría de ellos lo resuelve con el sistema de la jerarquía que provee un orden de acceso a la carne. Pero los humanos han seguido una ruta diferente por razones que no están bien explicadas. Hace 250.000 años la evidencia de que los humanos cazaban presas grandes es muy sólida. Entonces, se presentaba el problema de compartir la carne y los machos alfa dominantes se llevarían la mayor parte. Esto hace pensar que hacia esa época los grupos consiguieron librarse de los machos dominantes y controlarles por medio de las coaliciones de subordinados. El dominante que no se refrenara podía ser asesinado por el resto del grupo y así evolucionaría el autocontrol que al principio se aplicaría los alfa dominantes pero luego a cualquier aprovechado con pretensiones. En cuanto a las fechas no hay evidencias definitivas y es posible que ya Homo erectus hace 1,8 millones de años tuviera sistemas de compartir la carne. Esto no se puede descartar pero una fecha desde luego segura es hace 250.000 años para compartir sangre y desde luego una sociedad igualitaria hace 45.000 años.

A este respecto, Boehm presenta evidencia arqueológica de que hace 400.000 años el ser humano no era totalmente igualitario. Mary Stiner y dos colegas israelíes han examinado pautas de corte en huesos encontrados en Oriente Medio. Las marcas de hace 400.000 años son caóticas y variadas como esperaríamos si diferentes individuos hubieran estado atacando la presa cada uno por su lado desde ángulos diferentes. Pero las marcas de hace 200.000 años son las de un único individuo desde la misma posición haciendo los cortes y repartiendo, que es el patrón que siguen los cazadores recolectores actuales. Todo esto (hay que admitir que esta evidencia no es definitiva, obviamente) sugiere que se necesitó desarrollar un sistema democrático igualitario para compartir la carne que fuera eficaz desde el punto de vista nutritivo y que evitara conflictos armados con las armas de las que ya disponían aquellos humanos ancestrales para la caza.

Si Boehm tiene razón, podemos saber cuál fue el primer “pecado” de la humanidad, el pecado original, la primera conducta que fue castigada por nuestra moralidad incipiente. Y esa conducta no es otra que la conducta dominante, la dominación de una persona por otra. La primera prohibición fue la de la conducta de acoso de los alfas o dominantes sobre el resto.

Boehm trata también el importante papel del lenguaje en el origen de la moral. Boehm habla del papel clave del cotilleo para transmitir las malas acciones de los demás, porque nadie puede observar continuamente lo que hace todo el grupo. Es necesario que las malas acciones que alguien realiza, y que otro observa, puedan ser contadas al resto del grupo para que éste pueda tomar medidas. También es necesario el lenguaje para la educación y la predicación de las conductas deseables, especialmente a los niños. En ese sentido, no hace falta decir que esa selección social punitiva continua en la actualidad y precisamente donde es muy observable es en las redes sociales donde el cotilleo moral es un elemento fundamental  y donde se producen “linchamientos” de personas con comportamientos o comentarios desviados, como los varios casos existentes en los que un tuit ha arruinado la vida de una persona.

Por último, comentar que la hipótesis de Boehm encaja bastante bien con los hallazgos neurobiológicos sobre la existencia de un circuito moral en el cerebro, en regiones prefrontales, circuito que se encuentra dañado o no es funcional en los psicópatas. Como decía un psicópata al que entrevistó Kevin Dutton, la moral son las rejas que llevamos dentro de la cabeza, una cárcel interna o simulación de cárcel que evita que acabemos en una cárcel real: “Dónde están los barrotes de verdad, Kev? ¿Ahí afuera? (señala la ventana). ¿O aquí dentro? (y se toca la sien).”

En definitiva, tener una conciencia moral es identificarse personalmente con los valores del grupo, es decir, internalizarlos. Aquellos que los internalizaron mejor tuvieron más éxito a la hora de propagar sus genes. Pero, a la vez, no debemos internalizar las normas hasta el punto de no tener tentaciones de romperlas porque muchas de las prohibiciones que ponen los grupos humanos están diseñadas para limitar conductas egoístas que -en pequeñas dosis- pueden ayudar a los individuos a conseguir éxito reproductivo. Tal vez eso explica que después de tantos miles de años de selección social no seamos más altruistas y menos egoístas.


@pitiklinov

Referencias:





La Cultura del Victimismo

(Publicada originalmente el 30-10-2015 en la Nueva Ilustración Evolucionista)

Jonathan Haidt comenta en profundidad, e incluso subraya, en su web un artículo que le ha encantado sobre el origen de las Microagresiones escrito por Bradley Campbell y Jason Manning. El artículo sitúa la aparición de este fenómeno, que ha estallado en las universidades americanas en los últimos años, en una evolución moral que nos ha llevado desde la cultura de la dignidad, en la que vivíamos hasta ahora, a una cultura del victimismo, y lo contrastan también con la cultura previa del honor. Merece la pena resumir el análisis sociológico que hacen estos autores.
Derald Wing Sue define microagresiones como: “las breves y cotidianas indignidades verbales, conductuales y ambientales, intencionadas o no intencionadas, que comunican una actitud hostil, negativa o derogatoria en temas raciales, de género u orientación sexual,  e insultos leves religiosos contra individuos o grupos”.  Sue pone como ejemplo de microagresión que alguien le pregunte de donde es y no se quede satisfecho con la respuesta “- de Portland”. Otros ejemplos son decir a un norteamericano asiático que habla muy bien inglés, agarrar el bolso cuando un afroamericano entra en el ascensor, o mirar las muestras de afecto de gays y lesbianas en público. El término apareció en los años 70 del siglo pasado pero es ahora cuando se ha puesto de moda con varias webs dedicadas a denunciar el problema, donde la gente puede remitir sus ofensas.

Las microagresiones tienen algunas características como son la dependencia de terceras partes. Alguien que se siente ofendido puede reaccionar de diversas maneras: agresivamente, cortando la relación con el ofensor sin confrontación, hablándolo con el ofensor, etc. Sin embargo, la característica principal de las webs de microagresiones es que airean los agravios y animan a difundirlas a todo el mundo, a personas que nada tienen que ver con el asunto. Podemos decir que se trata de un cotilleo masivo. Las personas siempre han cotilleado (cotilleo: charla evaluativa acerca de alguien que no está presente) sus problemas a amigos, familiares y conocidos, pero no de forma indiscriminada. Los niños presentan sus quejas a los adultos y los adultos a los tribunales del sistema legal. Explicar las microagresiones, por tanto requiere explicar las condiciones que llevan a las personas a trasladar sus problemas a terceras partes.

Estas webs se dedican a buscar y mantener apoyos para lanzar cruzadas morales contra injusticias que presentan como  muy graves y sistemáticas exagerando, o falsificando incluso, muchas veces las ofensas. Se produce también una “sobredependencia legal “, una atrofia de la capacidad para manejar pequeños problemas interpersonales. En el fondo se trata de conseguir el suficiente apoyo para obligar a las autoridades a que actúen. Lo curioso, también, es que estas quejas florecen entre las poblaciones más educadas y pudientes de las universidades americanas y no entre los más pobres. Parece que cuanto más igualitaria es una sociedad nos sentimos agraviados por cosas cada vez más pequeñas.

En definitiva, el marco en el que aparecen las microagresiones es el de una sociedad diversa culturalmente, igualitaria, en la que hay unas terceras partes poderosas (autoridades legales , académicas, administradores…). Pero un ingrediente necesario son las redes sociales (Internet, Facebook, Twitter…) ya que sin ellas no sería posible difundir las ofensas de la forma masiva que se requiere. Pero ¿cómo explicamos este fenómeno? 

Campbell y Manning hablan de que se ha producido una evolución en la cultura moral de Occidente. En los siglos XVIII y XIX la mayoría de las sociedades de Occidente pasaron de la cultura del honor a la cultura de la dignidad. En las culturas del honor es la reputación lo que hace que alguien sea honorable o no y uno debe responder agresivamente a insultos, a agresiones y desafíos o perder el honor. No luchar se considera una debilidad moral. La gente honorable es muy sensible a los insultos y responde inmediatamente. Las culturas del honor aparecen en lugares donde no existe una autoridad legal fuerte y uno mismo tiene que sacarse las castañas del fuego.

Pero al pasar a la cultura de la dignidad se considera que en vez de honor las personas tienen dignidad y que es inherente a la persona, por lo que no puede ser alienada por otros, ni tiene que ser demostrada. La dignidad existe independientemente de lo que otros piensen por lo que la reputación social es menos importante. Los insultos pueden ser importantes pero ya no destruyen el honor y la reputación de una persona como ocurría anteriormente. Incluso está bien visto tener la piel dura y pasar de esas provocaciones. Esta cultura aparece cuando hay una autoridad fuerte y un sistema legal que funciona. Las ofensas graves (robo, asalto, ruptura de contrato, etc.) se llevan a los tribunales y las ofensas menores se arreglan personalmente , hablando y discutiendo el problema, o se pasa de ellas.

Pero ahora, según Campbell y Manning, se está produciendo la transición desde una cultura de la dignidad a una cultura del victimismo que tiene características que no encajan ni con la cultura del honor ni con la de la dignidad. La gente ahora es muy sensible al insulto, como en las culturas del honor, pero no responde personalmente sino que busca la ayuda de terceras partes. Esto sería anatema en una cultura del honor. Por otro lado, las personas integradas en una cultura de la dignidad entienden lo de recurrir a terceras partes pero no para ofensas menores. Así que es como un remix de ambas culturas. El victimismo es una forma de atraer simpatías y  ser víctima confiere estatus moral (a la vez que se rebaja el estatus moral del ofensor) de manera que se produce así una espiral de competencia a ver quién es más víctima.

Resumiendo, estamos viviendo ahora un choque entre la dignidad y el victimismo de la misma manera que antes lo hubo entre honor y dignidad. En las sociedades actuales, atomizadas e igualitarias, pequeñas ofensas generan gran angustia y se recurra a terceras partes. Si añadimos a la mezcla las nuevas tecnologías de la comunicación el resultado es la emergencia de una cultura del victimismo que probablemente se irá extendiendo.

@pitiklinov

Referencia:


(incluye enlace al artículo original completo)





sábado, 12 de agosto de 2017

Yo soy más víctima que tú

Según algunos, estamos viviendo una evolución moral que nos ha llevado a una cultura del victimismo. En las últimas décadas, en las sociedades occidentales hemos sido testigos de una creciente tendencia de grupos minoritarios a presentarse a sí mismos como víctimas para conseguir un reconocimiento social. En ese contexto se ha visto un fenómeno que consiste en que miembros de una minoría expresan actitudes negativas hacia otra minoría a pesar de que esa otra minoría no es responsable de ninguna manera de su pasada victimización. Por ejemplo, Khalid Muhammad, de la Nación del Islam, dijo que “el holocausto negro fue 100 veces peor que el llamado holocausto judío”. Este fenómeno ha sido catalogado por algunos autores en términos de una competición por un reconocimiento simbólico, una competición por la declaración de víctima definida como la creencia de que “hemos sufrido más que el otro grupo”.

En esta entrada comento un estudio que acaba de salir y que es el primero en investigar este asunto. En este problema tenemos tres protagonistas: Por un lado tenemos dos grupos, llamémosles A y B, que compiten por el reconocimiento de víctima y luego una tercera entidad C, que puede ser la sociedad, el gobierno o la comunidad internacional que es la que tiene el poder de otorgar el reconocimiento. Y el intríngulis del problema es que el mero hecho de que C reconozca como víctima a A crea actitudes negativas en B hacia A y un conflicto y una posible escalada entre A y B que va a impedir la paz entre ellos. Pero tenemos que tener en cuenta que A no le ha hecho nada a B, no es responsable directo de nada de lo que le pasó a B. Simplemente que como A ha sido considerada víctima (y B no) ahora B es enemigo de A. Por ejemplo, Bilewickz y Stefaniak encuentran que polacos que pensaban que habían sido victimizados más que los judíos en la II Guerra Mundial mostraban más actitudes negativas hacia los judíos (cuando los judíos no eran responsables del sufrimiento de los polacos).

¿Por qué ese deseo insaciable o esa necesidad desesperada de reconocimiento? Honneth dice que el reconocimiento es una necesidad fundamental porque es un constituyente de la identidad. Los seres humanos sólo existen plenamente cuando son reconocidos. Si experimentamos una falta de reconocimiento se produce una lucha para obtenerlo. En las sociedades occidentales actuales, además, se busca el estatus de víctima porque las víctimas son percibidas como moralmente superiores, como autorizadas a una mayor consideración y simpatía y les confiere también una protección frente a las críticas. En la teoría de Honneth el reconocimiento implica amor, respeto, autoestima y desde luego un mayor estatus.

Pero hay que tener en cuenta que todo este planteamiento que estoy haciendo es válido solamente si consideramos que el reconocimiento de la calidad de víctima es un recurso limitado, es decir, si creemos que la entidad que otorga el reconocimiento sólo tiene una “cantidad limitada” de reconocimiento para distribuir entre un grupo y otro y que otorgárselo a uno es quitárselo a otro. Dicho de otra manera, todo este razonamiento se basa en considerar que estamos ante un juego de suma cero.

Aparte del planteamiento teórico, el trabajo aludido realiza tres experimentos sobre esta competición por la categoría de víctima intentando evidenciarla. Los autores son belgas y en el primer experimento estudian a inmigrantes subsaharianos procedentes de República Democrática del Congo, Ruanda, Burundi y otros países africanos. El resultado de las pruebas que les pasan es que la percepción de haber sido víctimas se asocia a mayores actitudes negativas hacia los judíos. El estudio tiene el problema de que estos países fueron víctimas del colonialismo belga en el pasado y algunos han llegado a hablar de un genocidio en el Congo en tiempos del rey Leopoldo II. Esto contamina a la entidad que da el reconocimiento, los belgas, y en el estudio aparecen actitudes negativas hacia los belgas así que el diseño no es muy limpio.

Para intentar arreglarlo en el segundo estudio buscan una situación que no tenga nada que ver con los belgas y escogen a sujetos musulmanes residentes en Bélgica bajo el razonamiento de que ningún pueblo musulmán ha sufrido colonialismo belga. El problema es que estudian también su antisemitismo y no se dan cuenta de que el conflicto palestino-israelí está muy presente en la conciencia de ambos pueblos. Esa historia de conflicto entre musulmanes y judíos contamina de nuevo el diseño y limita las conclusiones que podemos sacar. 

Por último, en el tercer estudio recurren al típico experimento de psicología social con estudiantes en el que hacen tres grupos y el que otorga el reconocimiento son las autoridades académicas. Resumiendo mucho, les hacen la misma faena a todos pero luego dan ventaja a uno de los grupos, el de Derecho, a los que les dejan repetir un examen, para ver la respuesta de los otros. Los resultados pueden apoyar lo que dicen los autores pero lógicamente un planteamiento de este tipo no es comparable en gravedad con colonialismo, esclavitud, guerras o genocidios.

Así que tenemos un estudio que describe un fenómeno que parece real, a juzgar por lo que observamos en la sociedad, con un planteamiento teórico interesante pero con una evidencia experimental muy débil. Pero sería interesante retomar el problema de por qué el reconocimiento se vive como un recurso limitado ¿por qué creen los grupos minoritarios que están ante un juego de suma cero? En principio no parece lógico. Podríamos pensar que la compasión no es limitada, que podemos tener compasión y sintonizar con el sufrimiento de más de una víctima. Pero por otro lado, el reconocimiento no es sólo algo simbólico. Por ejemplo, en el tercer estudio a los estudiantes de Derecho se les deja repetir un examen y en la vida real esto puede suponer aprobar una carrera, tener más ingresos, etc. Es decir, el reconocimiento se traduce en recursos y ventajas materiales. A un nivel general en nuestra sociedad, a las víctimas se les compensa con inversiones y recursos y el dinero sí que es un recurso limitado, lo que se gasta en unas cosas no se gasta en otras.

Entonces parece que los grupos no van muy descaminados al ver el problema como un juego de suma cero. Esta competición por el reconocimiento de la categoría de víctima recuerda mucho a la que puedan tener dos hermanos por la atención y los cuidados de la madre (a los celos y la envidia). La atención es también un recurso limitado, si se atiende a uno de los hijos no se atiende al otro y , como dice el refrán, “el que no llora no mama”. El que quede en segundo lugar tiene que esperar su turno…y tal vez para cuando le toque la comida se ha acabado o le toca lo peor… siempre conviene ser el primero.

A pesar de las debilidades del estudio  me parece que el fenómeno es real y que esa competición victimista existe en nuestra sociedad y ,como se señala en el artículo citado al principio, va en aumento en nuestra sociedad. La percepción actual en nuestra cultura parece ser que sólo puede haber una víctima.

@pitiklinov

Referencia:

Guissmé LD y Licata L. Competition over collective victimhood recognition: when perceived lack of recognition for past victimization is associated with negative attitudes towards another victimized group (2017) European Journal of Social Psychology 47: 148-166












miércoles, 9 de agosto de 2017

Sobre el caso Google

En esta entrada voy a dar mi opinión sobre el caso del despido de James Damore de Google por la publicación de una memoria en la que, según Google, perpetúa estereotipos de género. No voy a entrar en el tema  de defender la postura de Damore sobre la baja representación de mujeres en carreras STEM y las diferencias entre hombres y mujeres en capacidades y preferencias, aunque al final pongo algunas referencias. Prefiero abordar algunas cuestiones de fondo, (que también toca Damore) que para mí son francamente preocupantes porque afectan al tipo de sociedad en la que queremos vivir.

1.- En primer lugar creo que en el tema de la baja representación de mujeres en carreras STEM se confunden los derechos individuales y los colectivos. Es lo que señala Damore cuando escribe, muy acertadamente a mi modo de ver, que hay que tratar a las personas como individuos, no como miembros de un grupo. El tema de si existen o no derechos colectivos es muy controvertido,  todos los derechos que recoge la Declaración de Derechos Humanos son individuales, aunque la Carta de las Naciones Unidas reconoce el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Personalmente veo muy claro que toda mujer (cada una de las mujeres: Eva, Ana, etc.) tiene derecho a la misma igualdad de oportunidades y a no sufrir ningún tipo de discriminación para estudiar ninguna carera o ejercer ningún trabajo. Pero no veo claro que “las mujeres” (como grupo) tengan derecho a ser el 50% de una profesión o carrera. Es decir, nuestra sociedad debe garantizar que cualquier mujer pueda estudiar neurocirugía, pero creo que no es una meta ni lógica ni deseable obligar a que el 50% de los neurocirujanos de los hospitales sean mujeres. Quiero señalar también que cuando, a lo largo de la historia, se han  puesto los derechos colectivos (del pueblo X, del proletariado, de la religión X…) por encima de los derechos individuales la cosa ha solido acabar en tragedia.  

A la hora de justificar la discriminación positiva, uno de los argumentos es que se trata de rectificar  o corregir una injusticia pasada. Pero este argumento falla estrepitosamente. Las injusticias deben ser rectificadas y la forma de hacerlo es compensar a la persona afectada (pero no compensar a otros individuos) y castigar a la persona que cometió la injusticia (y no a personas que no han  cometido ninguna injusticia).  Si Maria no pudo estudiar Medicina hace 100 años por discriminación contra las mujeres no tiene sentido dar ventaja a las mujeres ahora para estudiar Medicina porque entonces Pedro, que cumple todos los requisitos para estudiar Medicina, será discriminado hoy por razón de su sexo. Haciendo esto no estamos reparando la injusticia contra María sino que estamos recreándola en la forma de una nueva injusticia contra Pedro. Cometeríamos una doble injusticia.

2- Las personas que defienden que la baja representación de mujeres en carreras STEM se explica por la discriminación cometen también un fallo en la lógica más elemental. Que P implique Q no quiere decir que Q implique P:

-Si eres hombre eres mortal (cierto)
-Si eres mortal eres hombre (falso)

De la misma manera:

-Si hay desigualdad no tenemos una proporción 50/50 en las carreras (cierto)
-Si no hay una proporción 50/50 en las carreras es que hay desigualdad (falso)

Puede haber muchas otras razones en lugar, o además, de la discriminación. Eso es lo que hay que estudiar. Es interesante señalar que en carreras y profesiones donde hay mayoría de mujeres (psicología, enfermería, veterinaria, medicina…) nadie ha planteado que la causa sea la discriminación, sólo se plantea en aquellas en las que las mujeres están en minoría.

No es plausible el argumento anterior por otra razón. Las mujeres partieron desde una situación de discriminación en el pasado en todas las carreras y ahora son mayoría en muchas pero minoría en carreras STEM o en filosofía ¿Por qué? ¿Porque los filósofos y matemáticos son más machistas que los médicos? Es un argumento difícil de comprar. Que en la época victoriana o en tiempos mucho más recientes que alguien pensara que una mujer podía ser médico creo que era impensable. Si las mujeres se han abierto camino en la mayoría de los campos no hay razones para que las carreras STEM sean una excepción. Todo esto desde el punto de la vista de la lógica pero también hay datos y estudios que dicen que la baja representación de las mujeres en carreras STEM se debe a las propias preferencias de las mujeres y recojo algunos al final.

3- Pero hay una cosa que a mi modo de ver es la más importante: la falta de respeto al derecho a la libertad de expresión que es un pilar básico de la sociedad. En general, el manifiesto de Damore es respetuoso, razonado y la mayor parte de lo que dice tiene evidencia científica que lo apoya. Pero a lo que voy, aunque Damore esté equivocado tiene derecho a decirlo y a no ser despedido por ello. A los argumentos hay que responder con argumentos y no con etiquetas y descalificaciones. Se ha tachado el documento de machista y no lo es. Puede estar más menos acertado en algunos puntos pero no está gritando fuego en un teatro abarrotado de gente, no está diciendo que hay que matar a nadie, en una palabra: no transgrede el límite de lo que entra dentro de la libertad de expresión. La respuesta que se le ha dado ha sido desproporcionada e injusta, un claro caso de difamación ritual, como veíamos en la entrada anterior. 


La libertad de expresión consiste en permitir que los que no piensan como nosotros puedan expresarse. Franco y Stalin dejaban expresarse sin ningún problema a los que pensaban como ellos. Eso es fácil, el mérito está en respetar a los que no piensan como nosotros. Pero la hipertrofia de lo políticamente correcto que vivimos está llegando a un punto donde se acusa con pasmosa celeridad a los que no piensan como nosotros de mantener un discurso del odio para silenciarlos. Silenciar al que no piensa como nosotros es autoritarismo y totalitarismo. 

La batalla ideológica que está en el fondo de la memoria de Damore es la que enfrenta a partidarios de la ideología de la Tabla Rasa (que somos tablas rasas al nacer y que todas nuestras características psicológicas son resultado de la socialización) frente a los que aceptan que el cerebro es resultado de la selección natural y de la selección sexual. La postura dominante actualmente y que no se puede discutir es que somos tablas rasas. Frente a ella la biología se bate en retirada. El otro día recogía en Twitter la opinión del algún biólogo que escribe en Twitter de forma anónima porque tiene miedo a lo que pueda pasar con su carrera si se le escapa alguna inconveniencia (como que existe el sexo). Esta batalla no es nueva. En 1948 la URSS prohibió la genética y fusiló y mandó al Gulag a muchos científicos que no comulgaban con las tesis de Lysenko. Según el Politburó (y los tablarrasistas actuales no están muy lejos de esa postura), la genética era una “perversión burguesa”. Deberíamos haber aprendido la lección de que la injerencia de la ideología y la política en la ciencia tiene consecuencias desastrosas.

Todas estas cuestiones que he planteado son complejas y discutibles y tiene que haber un debate y un diálogo en la sociedad. Sobran checas, gestapos, inquisiciones, difamaciones y linchamientos. O abrimos las ventanas a la libertad de expresión o vamos camino de vivir encerrados bajo el miedo y la ley del silencio. 

@pitiklinov

Referencias:


Para una argumentación clara y referenciada a favor del documento de Damore recomendaría esta del blog Slate Star Codex de Scott Alexander

Algunas otras sobre carreras STEM y diferentes preferencias de hombres y mujeres: